La bolsa baila en máximos históricos. Los bonos cuentan una historia completamente distinta. Dimon anuncia M&A de vuelta. SpaceX se prepara para la mayor IPO de la historia. Y China lleva meses sin comprar petróleo como siempre. Algo no cuadra.
Goldman Sachs ha subido su objetivo del S&P 500 a 8.000 puntos para cierre de 2026. El índice cotiza en torno a 7.520, así que eso implica un 6,4% adicional desde aquí. La razón: los beneficios empresariales de esta temporada están saliendo mejor de lo que nadie esperaba. Cuando el banco más influyente de Wall Street mueve su objetivo, los institucionales tienen excusa para rebalancear hacia arriba.
Y casi al mismo tiempo, Jamie Dimon — el CEO de JPMorgan, que no suele andarse con rodeos — confirmó en una conferencia de inversores que los ingresos por banca de inversión del segundo trimestre van a subir más de un 10%. El negocio de mercados crece un 11%. Eso no es una promesa vaga. Es la señal de que el ciclo de fusiones, adquisiciones y emisiones de deuda se está reactivando de verdad.
Por qué importa para el sector financiero: JPM, Goldman, Morgan Stanley y BofA tienen viento de cola directo. El ciclo de M&A reactiva comisiones en toda la cadena. Si el crédito aguanta, la banca puede seguir sorprendiendo al alza este trimestre.
Aquí está la contradicción que más me ocupa esta semana. La bolsa americana lleva un 12% de subida desde el alto el fuego con Irán y está en máximos históricos. La encuesta de gestores de Bank of America muestra el mayor salto en sobreponderación de renta variable en un solo mes que se recuerda.
Pero al mismo tiempo, el bono americano a 30 años ha tocado el 5,2% — su nivel más alto en 19 años. El swap de inflación a un año ha superado el 4% por primera vez desde principios de 2025. Los bonos están diciendo que la inflación no va a ceder y que los tipos van a seguir altos. La bolsa está diciendo que todo va bien. Uno de los dos se equivoca.
Y luego está el detalle de la amplitud del mercado. El S&P 500 sube pero si miras el índice equal-weight — el que pondera igual a todas las empresas — el rendimiento es mucho menos espectacular. Las ganancias están concentradas en un puñado de nombres ligados a IA. Cuando el mercado se puso nervioso la semana pasada, las acciones de alto beta cayeron con una violencia considerable en apenas cinco sesiones. Eso no es un mercado sano. Es un mercado frágil que parece sano.
«La red de seguridad del policy put se ha deteriorado. La Fed no puede bajar tipos porque la inflación no le deja. Y el déficit americano ya no da margen fiscal. Cuando la red desaparece, conviene no ser el último en darse cuenta.»
Elon Musk apunta a sacar SpaceX a bolsa el próximo mes — el mes de su cumpleaños, porque es Musk — con una valoración de 1,75 billones de dólares y una recaudación de unos 75.000 millones. La valoración se triplicó en menos de un año gracias a las fusiones con X y xAI, y a un acuerdo para alquilar capacidad de computación a Anthropic que podría generar 5.000 millones anuales.
Hay una cosa que me parece importante entender aquí. Los datos históricos muestran que el S&P 500 tiende a rendir por debajo de la media después de las grandes oleadas de IPOs. Y lo que se avecina no es cualquier oleada — SpaceX, OpenAI y Anthropic juntas podrían representar una expansión del mercado comparable a la de la burbuja punto-com. Las IPOs son síntomas de un mercado caro. Y son señales de que los insiders quieren salir.
La guerra de Irán tiene un efecto colateral que nadie había anticipado del todo: Europa se está quedando sin aluminio del Golfo. El déficit acumulado ya supera los 5,6 millones de toneladas según Bank of America. El que está llenando ese hueco es Canadá — sus exportaciones de aluminio a la UE se dispararon un 276% el año pasado.
El motivo adicional es que Trump impuso aranceles del 50% al metal canadiense, así que los productores redirigen su producción hacia el comprador con más apetito y sin aranceles. Europa, encantada de tener proveedor. Pero el aluminio canadiense es más caro de transportar y el precio en el continente sube.
Sectores que lo notan primero: fabricantes de coches (Volkswagen, Stellantis), industria aeronáutica (Airbus) y packaging. Todo lo que usa latas, chasis o fuselajes va a pagar más. Las empresas que no puedan repercutir ese coste al cliente final verán sus márgenes comprimirse. Los productores canadienses podrían tener mejores resultados de lo esperado.
Esto es lo que más me llama la atención esta semana y lo que menos está en los titulares. Las importaciones chinas de crudo por mar cayeron a 8,1 millones de barriles diarios en abril y a 6,5 en mayo. La media de los últimos cinco años es de 10,9. Es una caída enorme.
Lo interesante es que Beijing no ha emitido ninguna orden de "comprar a cualquier precio" como hizo en otras crisis. Las refinerías están reduciendo actividad. Los inventarios se están consumiendo despacio. China está gestionando el shock de una manera muy ordenada — hasta ahora.
La clave está en lo que pase las próximas semanas. Si los flujos de mayo y junio se mantienen por debajo de 8 millones de barriles diarios sin que China reduzca más su actividad de refino, tendrá que empezar a consumir inventarios de forma acelerada. Cuando China se vea forzada a volver al mercado como comprador activo, el impacto en el precio del petróleo será concentrado e intenso. El mercado no está cotizando ese escenario todavía.
Esta semana la foto de conjunto es de las más complejas que hemos tenido. Hay señales positivas reales — Goldman subiendo el objetivo, Dimon confirmando el ciclo de M&A, beneficios sólidos. Pero hay también señales que no se pueden ignorar: bonos en máximos de 19 años, amplitud de mercado frágil, SpaceX preparando una ola de oferta y China reduciendo compras de petróleo a niveles históricos.
Los mercados pueden estar desconectados de la realidad durante mucho tiempo. Pero cuando se ajustan, lo hacen rápido y sin piedad. La pregunta no es si hay riesgo — es si el precio del mercado lo refleja. Hoy, claramente, no del todo.
— Rubén Gallardo · LRC Capital Club