La inflación se desploma gracias a la gasolina justo cuando Ormuz vuelve a arder. Y los gestores acaban de quedarse sin caja en el peor momento posible. Semáforo en ámbar.
Stripe, de la mano del fondo Advent, lanza una OPA de más de 53.000 millones de dólares sobre PayPal, a 60,50 dólares por acción. Una prima del 28% que disparó el título un 17% en una sesión. Es la mayor operación del sector en años y la mayor compra apalancada desde Dell en 2013.
Los números explican el apetito: PayPal llegó a valer 360.000 millones en 2021 y había caído hasta unos 42.000. Cotizando a ocho veces beneficios, se había convertido en un caramelo. Juntar Stripe (el rey de los comercios) con PayPal (430 millones de cuentas de consumidor y Venmo) crearía un gigante que movería 3,7 billones de dólares al año en pagos.
Ojo a un detalle que casi nadie ha contado: Block también pone dinero en la operación. Es decir, no es solo una compra, es una alianza de la nueva guardia contra el viejo campeón. El consejo de PayPal se reúne el 20 de julio para responder.
Se recalifica todo el mundo de los pagos. Ojito a Adyen (ADYEN), a Block (XYZ) y a cualquiera que cobre comisión por mover dinero. Cuando el dinero privado paga primas del 28% por un negocio "aburrido", es que ve algo que el mercado llevaba tiempo ignorando.
Por primera vez en su historia, un 22% más que hace un año. Se embolsó 192.000 millones en entradas netas, con los ETF de iShares tirando del carro, y ganó 13,91 por acción cuando el consenso esperaba 12,59. El negocio de la gestión pasiva no para de engordar.
Bate en ventas y beneficio y sube la previsión para todo 2026, empujada por sus fármacos estrella Tremfya y Darzalex. Buen arranque para el sector salud defensivo, justo cuando las aseguradoras médicas andan con las orejas gachas por los márgenes.
El BCE ha elegido 36 proveedores de pago para pilotar el euro digital, entre ellos Revolut, Deutsche Bank, UniCredit y Adyen. Las pruebas arrancan en la segunda mitad de 2027 y durarán 12 meses, con la vista puesta en una posible primera emisión en 2029. El objetivo declarado: reducir la dependencia europea de sistemas de pago extranjeros y plantar cara a las stablecoins en dólares.
Y aquí una ironía que merece la pena señalar, porque va a ser el hilo de este reporte: entre los elegidos para construir la soberanía de pagos europea está… Stripe. La misma que acaba de lanzar la OPA sobre PayPal. Una americana. Guárdate el dato para el final.
El IPC de EEUU cayó un 0,4% en junio, su mayor descenso mensual desde abril de 2020, y dejó la inflación anual en el 3,5% cuando se esperaba un 3,8%. ¿El motivo? La gasolina, que bajó un 9,7% respecto a mayo.
Pero el dato bueno de verdad está en la letra pequeña: la inflación subyacente —la que quita comida y energía, y la que de verdad mira Warsh— cayó al 2,6% desde el 2,9%, y en el mes se quedó plana. Esa es la que manda. El mercado lo celebró por todo lo alto.
Aquí está el problema. Ese dato de inflación tan bonito se cocinó en junio, con el alto el fuego en pie. Pero el alto el fuego se ha roto. EEUU e Irán vuelven a intercambiar misiles, Trump ha restablecido el bloqueo naval a los puertos iraníes y anunció un peaje del 20% a la carga que cruce Ormuz… que retiró en menos de 24 horas tras el aluvión de críticas. Irán, por su parte, ha atacado dos petroleros emiratíes.
El resultado ya se nota: el Brent ha vuelto a los 86 dólares, máximos desde mediados de junio, y los tránsitos por Ormuz se han desplomado alrededor de un 60% en una semana, con la mayoría de barcos cruzando «a oscuras», con el transpondedor apagado.
Y se abre un frente nuevo. Los hutíes han lanzado misiles y drones contra Arabia Saudí como represalia por unos ataques al aeropuerto de Saná, en Yemen. Las defensas saudíes los interceptaron sin víctimas, pero saltan por los aires cuatro años de calma desde la tregua de 2022. Es su ataque más serio contra el reino en años.
Traducido: la inflación de junio fue un regalo de la paz. Si el crudo se vuelve a disparar, ese regalo se devuelve con intereses en el dato de julio. Y el colchón de emergencia americano no está para muchas alegrías.
Cuando todo el mundo está comprado hasta las cejas, empieza el nerviosismo. Y eso es justo lo que asoma en la última encuesta de gestores de Bank of America.
El dinero que los grandes fondos guardan sin invertir —su caja— ha caído al 3,6% de lo que gestionan, desde el 4,1% del mes pasado. De los niveles más bajos de este siglo. BofA tiene una regla sencilla: cuando esa caja baja del 4%, salta una señal de venta. ¿El motivo? Si los gestores ya han metido casi todo en bolsa, no les queda pólvora para seguir comprando y empujar los precios.
La encuesta, hecha entre 181 gestores que mueven 484.000 millones de dólares, muestra además el ánimo más alcista desde febrero: un récord no ve recesión. Y el histórico avisa: en las 16 veces anteriores que la caja bajó a este nivel desde 2002, la bolsa mundial cayó de media un 1% en las dos semanas siguientes. No es el apocalipsis, pero sí un semáforo en ámbar.
Y aquí está lo más jugoso de la encuesta, que dice más de la naturaleza humana que cualquier análisis: la burbuja de la IA es ya el mayor riesgo que declaran los gestores… y aun así siguen cargados de semiconductores hasta las cejas. Preocupación verbal, obediencia física. Todos ven la puerta, nadie se levanta de la silla.
Señal táctica de cautela, no de pánico. Con el optimismo tan disparado y la caja tan vacía, cualquier susto se amplifica. Si vas cargado de renta variable, y sobre todo de tecnológicas de alto vuelo, toca revisar riesgos, no perseguir el último rally.
Con la caja de los gestores en mínimos y Ormuz otra vez ardiendo, así está el termómetro esta semana. La bolsa se ha movido hacia el nerviosismo, entre el pánico y el neutro; el crypto ya está en pánico.
La bolsa empieza a reflejar el nerviosismo de Ormuz y la caja vacía de los gestores; el crypto ya está en pánico abierto. Cuando el sentimiento se acerca al pánico con los índices aún en máximos, suele ser terreno de oportunidades para el que tiene la cartera bien construida.
Las guerras de Ucrania y Oriente Medio han vaciado los arsenales de Estados Unidos. Y Trump quiere rellenarlos ya. En una cumbre de defensa en Pensilvania apretó a los jefes de la industria para acelerar la fabricación de misiles, barcos, helicópteros y drones.
El Pentágono está usando contratos a largo plazo para atraer inversión privada —unos 20.000 millones— en armas de alta demanda como los Patriot. Lockheed va a triplicar la producción de interceptores Patriot y se llevó un contrato de sistemas THAAD de hasta 35.000 millones a siete años; RTX se embolsó casi 400 millones en misiles AMRAAM. Sobre la mesa, además, un presupuesto de defensa de 1,5 billones para 2027, pendiente del Congreso.
El pero: montar fábricas de armas no es abrir un grifo. Los expertos calculan de dos a cuatro años para reponer inventarios. El dinero y los pedidos están; la capacidad, todavía no.
Viento de cola estructural para el sector defensa. Lockheed (LMT), RTX (RTX) y General Dynamics tienen cartera de pedidos para años, no para meses. Es de los pocos sectores donde la demanda la garantizan los gobiernos, no el humor del consumidor.
Se puede opinar lo que se quiera de Musk, de Bezos, de Zuckerberg o del propio Jobs. Yo también tengo días en que opino de todo. Pero hay algo que no se les puede discutir: son personas que construyen, que aportan. Durmieron en fábricas, se jugaron su patrimonio entero más de una vez, viven obsesionados con el producto y, cuando algo sale mal, la responsabilidad la asumen ellos.
Y alrededor tienen una sociedad que, con todos sus defectos, celebra al que lo intenta y perdona al que fracasa. ¿El resultado? Las empresas que dominan el mundo.
Ante el éxito ajeno siempre hay dos caminos:
Lo usas como referencia para esforzarte más, aprender y construir lo tuyo.
Dedicas tu energía a que el otro tropiece, en lugar de a avanzar tú.
La primera construye. La segunda destruye, y además destruye dos veces: porque el envidiado pierde y el envidioso no gana nada. Preferir que al otro le vaya peor antes que a ti te vaya mejor. Suena absurdo escrito así. Pues es el deporte más practicado de Europa, y en España jugamos la Champions.
El ejemplo clásico ya lo conoces. Cuando el vecino americano ve pasar un buen coche, piensa que algún día conducirá uno igual. Cuando lo ve pasar el vecino de aquí, piensa que algo habrá hecho. Lo llamativo no es el chiste: es lo bien que ha envejecido, y el impacto brutal que tiene en nuestra sociedad y nuestra economía.
Europa se está quedando fuera del ciclo tecnológico más importante en décadas. En el nuevo orden mundial de la IA, el dinero premia a los países que construyen la tecnología y castiga al resto. Y en la columna de los castigados aparece casi toda Europa, con la excepción solitaria de ASML en Holanda. El capital extranjero lleva meses saliendo de los mercados periféricos al boom.
Para encontrar una empresa europea en la lista de las mayores del mundo hay que bajar mucho. Y casi todas las grandes que tenemos nacieron hace más de medio siglo. Las americanas que hoy mandan nacieron en un garaje hace tres o cuatro décadas.
Aquí un garaje necesita licencia de actividad.
¿Y cuál ha sido nuestra respuesta como continente? Regular. Estados Unidos innova, China copia, Europa regula. Fuimos los primeros del mundo en aprobar una gran ley de inteligencia artificial y seguimos casi sin campeones que la aprovechen. Regulamos industrias que no tenemos y ponemos trabas al que quiere empezar. Y al que ha conseguido algo, impuestos y sospecha. Luego nos sorprende que el talento cruce el charco. No es mala suerte: son incentivos.
¿Quieres la prueba más redonda? Esta misma semana el BCE ha elegido a los 36 socios que van a construir el euro digital, un proyecto cuyo objetivo declarado es reducir nuestra dependencia de los sistemas de pago extranjeros. Entre los elegidos, Stripe. Americana. La misma que a la vez lanza una OPA de 53.000 millones sobre PayPal. Hasta para fabricar nuestra propia soberanía necesitamos que venga alguien de fuera a echarnos una mano.
Y quiero ser claro con lo que pienso. Los empresarios de un país no salen de la nada: salen de su sociedad. Son el reflejo de lo que esa sociedad premia y de lo que castiga.
Una sociedad que admira al constructor produce constructores. Una sociedad que dedica su energía a vigilar y recortar al que sobresale produce gestores de lo heredado y expertos en no equivocarse nunca… porque nunca intentan nada. En España lo vemos cada año: miles de chavales brillantes cuya máxima aspiración es una oposición. No los culpo, responden a los incentivos que les hemos puesto delante. Pero dice mucho de nosotros.
Lo más preocupante no es la foto, es la dirección. En vez de corregir, profundizamos: más trabas, más carga sobre el que produce y más ruido contra el que gana dinero. Y la envidia, además de fea, es carísima. El capital se va donde lo tratan bien y el talento donde le dejan construir. En definitiva, el «que le vaya mal al otro» termina saliendo a pagar entre todos.
Fuentes · Análisis elaborado con datos propios y en base a información publicada por Reuters, Bloomberg, CNBC, BLS, el BCE e IcariaCap. Encuesta de gestores: Bank of America Global Fund Manager Survey, julio 2026. Datos verificados de forma independiente a fecha de publicación.
¿La solución para todo esto? No la tengo. Y desconfío mucho de quien dice tenerla para un continente entero.
Pero sí sé lo que funciona a escala individual, que al final es lo único que controlas: rodearte de gente a la que admiras, aplaudir al que lo intenta aunque compita contigo —de eso sé algo, y salió bien— y dedicar tu energía a tu trabajo en vez de al retrovisor.
La envidia es el único pecado que no da ni un segundo de placer. La admiración, en cambio, es gratis y encima es rentable.
Y fíjate qué curioso: es exactamente lo mismo que te dice el mercado esta semana. Los gestores sin caja, todos amontonados en el mismo trade, mirando lo que hace el de al lado en vez de mirar sus propios números. El resultado de vigilar al vecino es el mismo en la sociedad que en la cartera: acabas todos en el mismo sitio, y sin pólvora.
Nosotros seguimos a lo nuestro: buenos negocios, precio razonable y la mirada al frente. Toma nota.