Burry vuelve a por la yugular de la IA, el dólar en máximos aplasta al oro y al bitcoin, y los semis viven del pánico a la euforia en 48 horas. Detrás del ruido, una sola pregunta: ¿susto o cambio de régimen?
Michael Burry, el de The Big Short, ha vuelto. El gestor de Scion abrió el 30 de junio una tanda de cortos en su Substack «Cassandra Unchained» y no se anda con medias tintas: se pone corto en Tesla, Caterpillar, Applied Materials, el ETF de semis SOXX y reitera su apuesta contra Nvidia. Todo el pack, el mismo día.
Su tesis, en una frase: la fiesta de la IA ha llegado a extremos que no veía en 30 años. El índice de semiconductores (SOX) cotiza más de un 65% por encima de su media de 200 sesiones, algo que solo había pasado una vez… en el año 2000. Lo de Caterpillar es lo más llamativo: nunca la había cortado, pero la acción se ha ido casi un 86% en el semestre convertida en un proxy del gasto en IA. Para Burry, «es el principio del fin».
| La cesta bajista de Burry | Precio de entrada |
|---|---|
| Tesla · TSLA | 416,22 $ |
| Caterpillar · CAT | 1.060,98 $ |
| Applied Materials · AMAT | 729,40 $ |
| iShares Semis · SOXX | 642,80 $ |
| Nvidia · NVDA | 198,09 $ |
Y ojo a un detalle que a mí me parece el más interesante: al mismo tiempo que se pone corto en la burbuja, Burry se pone largo en calidad, comprando opciones a largo plazo sobre Microsoft. Corto en lo caro, largo en lo bueno. Toma nota, porque de esto hablamos al final.
Un apunte de rigor: Burry no publica el tamaño de las posiciones, así que no sabemos cuánto arriesga de verdad. Y ya lo sabes… el mercado puede seguir irracional más tiempo del que un bajista aguanta solvente.
Hoy salen los datos oficiales de empleo, adelantados al jueves por el festivo del 4 de julio. El aperitivo no fue gran cosa: la encuesta privada de ADP dio +98.000 empleos en junio, por debajo de lo esperado. Con la Fed en modo halcón, cada cifra pesa: si sale fuerte, refuerza el "higher for longer"; si sale floja, se abre el melón del debate.
Pese a la guerra y a los costes, las fábricas siguieron produciendo en junio: eurozona 51,4, China 51,7, Japón 54,8 (el mayor ritmo de pedidos en más de dos años) y Corea también en positivo. ¿El motor? La demanda de hardware para IA y el acopio preventivo ante la geopolítica. Pero el relato futuro se agria: el optimismo empresarial cae a mínimos desde octubre y el empleo fabril baja por primera vez en meses.
Dato que aleja el fantasma de la recesión, pero mantiene viva la inflación de costes. Cíclicas e industriales en el foco; y la pérdida de empleo fabril más el desplome del optimismo avisan de que el segundo semestre puede venir más flojo.
Jugada de manual. Meta quiere convertir sus gigantescos centros de datos en una máquina de hacer caja. Según Bloomberg y Reuters, monta «Meta Compute» para alquilar su exceso de cómputo de IA y competir de tú a tú con AWS, Azure y Google Cloud.
Estudia dos vías: hospedar sus propios modelos (con Muse Spark a la cabeza) al estilo de AWS Bedrock, y alquilar cómputo puro tipo CoreWeave. Todo con un capex en infraestructura de IA de entre 125.000 y 145.000 M$ solo en 2026. La acción se disparó un 10% con la noticia; los «neoclouds» como CoreWeave y Nebius —que dependen de Meta y le venden capacidad por miles de millones— se dejaron entre un 10% y un 15%. Ojo: de momento es un plan filtrado, Meta no lo ha confirmado y podría cambiar.
Los hyperscalers (Amazon, Microsoft, Alphabet) tienen un rival nuevo con músculo. Nvidia y los semis, atentos a si el mercado empieza a oler sobreoferta de cómputo. Y ojo a los neoclouds: lo que era su negocio ahora se lo disputa su propio cliente.
Semana de las que enseñan cómo funciona esto de verdad. El oro ha perdido los 4.000 $ la onza y acumula ya cerca de un 29% de corrección desde los máximos de enero, su peor trimestre en 13 años. Y para quien lleva una parte importante de la cartera en oro, no es un tema menor. Lo curioso es que detrás no hay nada raro. Es el dólar.
El billete verde ha escalado a máximos de 13 meses, y cuando se pone así de fuerte, todo lo que no lleva sello americano paga el peaje: emergentes, materias primas, el yen (en mínimos de 40 años, con Tokio hablando ya de intervenir), el oro y, cómo no, el bitcoin.
Pero para entender por qué el mercado se ha puesto nervioso justo ahora, hay que mirar al petróleo. El crudo se ha desplomado: el Brent a la zona de 73-74 $ y el WTI rozando los 70, niveles que no veíamos desde antes de la guerra con Irán. ¿La razón? Ormuz. El estrecho se está reabriendo de verdad —por ahí pasa en torno al 20% del petróleo que quema el planeta cada día— y la prima de guerra que llevaba meses incrustada en el precio se ha evaporado. Las aerolíneas han despegado en bolsa y los importadores de energía respiran.
Y ahora la parte que no cuadra. Uno esperaría que, con el petróleo cayendo, los bancos centrales aflojaran. Pues no. Nueve miembros de la Fed ya proyectan una subida antes de fin de año, Schnabel avisa desde el BCE de que podrían hacer falta más y en Japón los halcones llevan días con lo mismo. Higher for longer, otra vez. La caída del crudo no les ha movido el guion ni un milímetro. Y de ahí el dólar: si todos amenazan con apretar pero quien más lo hace es Washington, el dinero corre hacia el dólar.
¿Y el bitcoin? Perdió los 60.000 $ y cae más de un 30% en el año. No ha habido hackeo ni quiebra de ningún exchange. Pasa lo de siempre: los mismos minoristas que hace dos años perseguían tokens y memecoins ahora persiguen acciones de IA y se peleaban por un hueco en la OPV de SpaceX. El mercado ha cambiado de obsesión: antes el cripto, ahora los chips. El ingrediente es el mismo: especulación y ganas de enriquecerse rápido.
Capítulo aparte para los semiconductores, que han sido una montaña rusa. El martes 23, sangría: el KOSPI llegó a caer en torno a un 10% en una sesión (saltando los cortacircuitos), con SK Hynix y Samsung dejándose más de un 12% y Micron un 13% en Wall Street. Dos días después, giro de 180 grados: Micron publicó unos resultados espectaculares (ingresos cuatro veces mayores que un año antes), reavivó la fe en el ciclo de memoria para IA y el sector recuperó cientos de miles de millones en una sola jornada. Del pánico a la euforia en 48 horas. Todo normal.
La IA sigue mandando, eso no se discute. Lo que ha cambiado es que ahora el mercado exige beneficios, visibilidad y que alguien justifique de una vez semejante capex.
Y conviene fijarse en un matiz, porque separa un susto de un cambio de régimen: no todo cayó a la vez. El Dow aguantó mucho mejor que el Nasdaq (−0,1% frente a −2,2%). Las aerolíneas volaron con el combustible regalado y los industriales tiraron. No fue una huida general del riesgo: fue una rotación. Menos fe ciega en las megatecnológicas y más apetito por quien gana cuando el crudo se abarata. Una cosa es que el mercado se asuste y otra muy distinta que cambie de opinión sobre qué va a tirar del carro los próximos meses.
Cierro con las dos caras de EEUU. La industria va bien: el PMI manufacturero adelantado marcó 55,7, su mejor registro desde mayo de 2022. La vivienda, en cambio, hace aguas: las ventas de casa nueva encadenan dos meses de caídas, con hipotecas caras y precios disparados ahogando la compra. Recesión no parece, pero grietas hay, justo donde los tipos pegan más fuerte. Europa, a lo suyo: los PMI compuestos subieron de 48,5 a 49,5 —mejora, sí, pero aún por debajo de 50—, con los servicios flojos. No termina de arrancar sola, y eso deja al BCE en una posición incomodísima.
Fuentes · Análisis elaborado con datos propios y en base a información publicada por IcariaCap, junto a Reuters, Bloomberg, CNBC y S&P Global. Posiciones de M. Burry vía su Substack «Cassandra Unchained». Datos verificados de forma independiente a fecha de publicación.
El mercado a corto plazo siempre va a por la más guapa del momento. Se mueve por la narrativa de moda: tecnológicas, cripto, IA, espaciales, biotech… lo que toque esa temporada. Y a largo plazo, casi todo eso es humo.
Por eso una gran parte de nuestra cartera son empresas de calidad, con un gran foso defensivo, de esas que dentro de diez años seguirán ganando dinero y seguirán siendo las mejores de su sector.
¿Aburrido? Puede. Pero fíjate en el detalle del principio: hasta Burry, el rey de los bajistas, mientras apuesta contra la burbuja se pone largo en Microsoft. Corto en lo caro, largo en lo bueno. Nosotros nos quedamos con lo segundo. Toma nota.