Inflación que no cede, cobre en máximos históricos, un nuevo jefe en la Fed que le llama al Bitcoin "el nuevo oro" y un mundo que se reorganiza alrededor de quien controla los cuellos de botella. Esta semana, todo conecta.
Los precios de producción en EE.UU. subieron un 1,4% en abril. El mayor salto desde marzo de 2022. En tasa anual, llegamos al 6%, cuando el consenso esperaba un 4,9%. No es un dato menor — es una señal de que la inflación no está cediendo, y que la guerra de Irán sigue colándose en los costes de todo.
El efecto inmediato: la Fed se queda atrapada. No puede bajar tipos porque la inflación no le da permiso. No puede subirlos porque la economía ya está frenada por la energía cara. Los bonos se tensaron al conocer el dato y los sectores sensibles a tipos — inmobiliario, utilities, small caps — aguantaron con los dientes apretados.
El cobre ha marcado un nuevo máximo histórico de precio esta semana. Dos fuerzas convergen y no van a desaparecer pronto: la guerra de Irán ha disrumpido las cadenas de suministro de materiales industriales, y la demanda de IA — centros de datos, cables de alta tensión, transformadores — no para de crecer.
Esto es exactamente lo que llevamos anticipando en LRC desde principios de año. El cobre no es una apuesta especulativa sobre el precio del metal. Es una apuesta sobre la infraestructura física que hace funcionar la economía digital. Sin cobre no hay data centers. Sin data centers no hay IA.
«El cobre es la sangre de la economía industrial. Cuando el cobre sube en máximos históricos con IA tirando de demanda y Oriente Medio cortando el suministro, no es ruido. Es la tesis confirmándose.»
Kevin Warsh fue confirmado como presidente de la Reserva Federal el 13 de mayo. Sucede a Jerome Powell en el peor momento posible: inflación que no cede, guerra en Oriente Medio y una economía que pide a gritos tipos más bajos pero que no puede tenerlos todavía.
Lo interesante de Warsh es que no es el típico banquero central. Tiene ADN de Wall Street y de Silicon Valley a partes iguales. En sus declaraciones patrimoniales para la confirmación reveló inversiones personales en más de 30 proyectos cripto, incluyendo Solana. Y ha descrito Bitcoin como el "nuevo oro para las generaciones jóvenes".
Hay un detalle que me parece especialmente relevante: su postura sobre el dólar digital. Se opone a un CBDC para ciudadanos — ese dólar digital que daría al gobierno control total sobre las transacciones de cada persona. Pero sí apoya un dólar digital mayorista para pagos institucionales. Eso deja el camino libre para que las stablecoins privadas (USDC, USDT) crezcan sin competencia estatal directa.
Esta semana leí algo que me quedó dando vueltas. El argumento es que el poder ya no fluye del tamaño o la riqueza, sino de la capacidad de convertir un desequilibrio en palanca.
Ejemplos concretos que lo ilustran mejor que cualquier teoría:
Para nosotros como inversores, la conclusión práctica es esta: el mundo se está reorganizando alrededor de quien controla los cuellos de botella — chips, estrechos marítimos, tierras raras, cables submarinos. Las empresas que estén en esas posiciones de control tendrán un moat que el dinero solo no puede comprar.
El capex tecnológico ya representa el 50% de toda la inversión corporativa del S&P 500. En los ochenta era el 20%. En la burbuja punto-com llegó al 35% y luego se corrigió. Ahora ha superado ese máximo. No digo que esto acabe como las punto-com — la IA es más real que aquello. Pero cuando el consenso proyecta un 19-20% de crecimiento de beneficios y todo el mundo apunta al mismo escenario optimista, la historia dice que la decepción suele llegar por donde menos se espera.
Esta semana ha sido de esas en que todo el análisis converge en la misma dirección. Inflación que no cede, cobre en máximos históricos, un nuevo jefe de la Fed pro-cripto y un mundo que premia a quien controla los cuellos de botella físicos. Las tesis que llevamos trabajando en el club no solo siguen vigentes — esta semana han recibido más confirmaciones que en los últimos dos meses juntos.
El mundo se reorganiza alrededor de quien controla los cuellos de botella. Chips, estrechos, tierras raras, cables. Las empresas en esas posiciones tienen un moat que el dinero solo no puede comprar. Eso es lo que buscamos.
— Rubén Gallardo · LRC Capital Club