Los mercados celebran un rally de semiconductores mientras el petróleo marca máximos desde el inicio del conflicto. Irán captura dos buques. Japón sube tipos. La Fed no se mueve. Y el mundo real del petróleo empieza a contar una historia diferente a la de las pantallas.
Esta semana ha pasado algo que merece atención. El S&P 500 sigue cerca de máximos históricos, impulsado por un rally espectacular de semiconductores. Al mismo tiempo, el petróleo ha tocado los 125 dólares por barril — el nivel más alto desde que empezó el conflicto. Esas dos cosas juntas cuentan historias contradictorias.
El mercado financiero parece estar descontando una paz que todavía no existe. El mercado físico del petróleo, el de los buques reales, las refinerías reales y los inventarios reales, está contando otra cosa. Y cuando los dos divergen tanto, normalmente es el mercado físico el que acaba teniendo razón.
Trump anunció que suspendía indefinidamente los ataques contra Irán. Sonó a desescalada. Pero Irán no ha validado esa versión. De hecho, esta semana capturó dos buques en el Estrecho, argumentando infracciones marítimas. Y un tercer buque fue atacado, aunque logró continuar.
La postura iraní es clara aunque incómoda: mientras EE.UU. mantenga el bloqueo naval sobre su comercio marítimo, no hay alto el fuego real. Da igual lo que diga la Casa Blanca. El Estrecho seguirá dependiendo de la voluntad de Irán mientras no cambie el marco del conflicto.
El equipo negociador abandonó los planes para una segunda ronda de conversaciones en Islamabad después de que Irán dijera que no participaría. Las posiciones negociadoras están más alejadas que nunca. El mercado no está cotizando eso.
Hay un detalle que complica todo más: los ataques que eliminaron al líder supremo Khamenei y a varios mandos de la Guardia Revolucionaria han dejado a Irán sin una cadena de mando clara. Nadie sabe exactamente quién tiene autoridad para firmar un acuerdo. El nuevo líder supremo podría estar herido. Negociar con un interlocutor que no controla su propio aparato es casi imposible.
«Los precios del petróleo ya responden cada vez menos a las declaraciones de tregua. El mercado ha aprendido que las bravatas no cierran el Estrecho ni lo abren.»
Vitol, Trafigura y Shell mueven juntos unos 27-28 millones de barriles diarios — casi una cuarta parte del mercado mundial. No hablan desde una pantalla. Hablan desde buques, refinerías y almacenamiento. Y lo que están diciendo es preocupante.
Su estimación: el cierre de Ormuz ha retirado del mercado entre 11 y 13 millones de barriles diarios. Esa pérdida no desaparece. O aparece en forma de caída de inventarios de crudo, o de inventarios de productos refinados, o en destrucción de demanda. Probablemente en las tres cosas a la vez.
Lo más importante: cuando los últimos barriles cargados antes del cierre de Ormuz terminen de descargarse, empieza el drenaje real. Mientras los buques están en tránsito, todo parece normal. Cuando esas cargas se consuman, la caída de inventarios se hará visible en los datos oficiales. Y cuando eso pase, el mercado puede reaccionar con violencia.
Aunque Ormuz reabriera mañana, el mercado no volvería a la normalidad de inmediato. Harían falta semanas, quizás meses, para reordenar flujos y movilizar buques. Los inventarios de EE.UU. se acercan al mínimo operativo de 370-380 millones de barriles, incluso con liberaciones masivas del SPR. No hay mucho margen.
Desde el mínimo del 30 de marzo, las 7 magníficas han aportado el 60% de la subida del S&P en dólares. Pero si miras los 15 mejores rendimientos del índice en ese periodo, todos venden hardware — chips, servidores, equipos de networking. Ninguno vende modelos de IA directamente.
Es un matiz importante. El mercado no está apostando por la inteligencia artificial en abstracto. Está apostando por la infraestructura física que la soporta. Exactamente la tesis que venimos trabajando en este club.
El rally es amplio — pequeñas y medianas capitalizaciones han rebotado junto a las grandes. Pero hay sectores que no participan: energía, defensivos, defensa y software vulnerable a la competencia de la IA. El mercado está muy selectivo sobre qué quiere y qué no.
Goldman Sachs ha prohibido a sus banqueros en Hong Kong usar los modelos de Claude (Anthropic). El motivo: miedo a que actores chinos entrenen sus propios modelos usando los americanos. OpenAI ya acusó a DeepSeek de hacer exactamente eso. Si los banqueros de Hong Kong no pueden usar los modelos más avanzados, el territorio pierde competitividad como hub financiero global.
Esta semana se reúnen Fed, BCE, Banco de Japón, Banco de Inglaterra y Banco de Canadá. Todos van a mantener tipos. La incertidumbre es demasiado alta para mover ficha. La Fed se queda en el 3,5-3,75%. Ha aparcado cualquier perspectiva de recorte hasta tener claridad sobre si la guerra impedirá llegar al objetivo del 2% de inflación.
Chris Waller, gobernador de la Fed, ha advertido algo importante: si los precios de la energía se mantienen altos demasiado tiempo, la inflación puede incrustarse en la economía. Entonces la Fed tendría que subir tipos, no bajarlos. Exactamente lo peor que podría pasar ahora mismo.
Una buena noticia en medio de todo esto: el Departamento de Justicia retiró la investigación contra Jay Powell. Eso despeja el camino para que Warsh sea confirmado como próximo presidente de la Fed. Un obstáculo menos.
El bono japonés a 10 años acaba de marcar su rendimiento más alto de este siglo. Puede parecer un dato técnico, pero tiene consecuencias globales. Japón ha sido durante décadas el ancla de tipos bajos. Si sus rendimientos suben, puede provocar repatriación masiva de capital japonés — dinero que llevaba años invertido en activos extranjeros volviendo a casa. Eso presiona al alza los tipos en todo el mundo y puede golpear divisas, renta fija y mercados de riesgo simultáneamente.
Durante dos años, el mercado ha descontado que la expansión de la IA solo dependía del capital disponible. El dinero sobra. Lo que falta es otra cosa: energía, permisos, transformadores, mano de obra, aceptación social.
Los inventarios europeos de gas están al 30% de media, con Países Bajos en un preocupante 7,4%. Europa puede pagar más que casi cualquier otra región para comprar LNG en los mercados spot — y lo hará. Pero eso desplaza la escasez hacia países más pobres que no pueden competir en precio. Europa evitará los cortes, probablemente, pero a cambio seguirá pagando por ello durante años.
Petróleo a 125 dólares mientras las bolsas suben impulsadas por tres fabricantes de chips. El yen en zona de intervención. Los bonos japoneses en máximos de siglo. Goldman prohibiendo IA en Hong Kong. Es un mercado lleno de contradicciones y en los mercados de contradicciones extremas, concentrar la cartera en una sola tesis es un error.
Los resultados del Q1 están siendo sólidos. Esta semana reportan Alphabet, Microsoft, Amazon, Meta y Apple — si no decepcionan, el mercado tiene combustible para seguir. Pero el mercado está descontando una paz que todavía no existe. Eso no significa que caiga. Significa que hay que ir con los ojos abiertos.
La prudencia no es pesimismo. Es sentido común. Y el sentido común dice que no se puede tener petróleo a 125 dólares, Ormuz cerrado y bolsas en máximos históricos de forma indefinida. Algo tendrá que ceder.
— Rubén Gallardo · LRC Capital Club