Tres semanas seguidas subiendo más de un 3% cada una. Irán negocia pero miente. Google pone turbo a la IA. Y el nuevo jefe de la Fed ya tiene nombre. Todo esto tiene más relación de lo que parece.
Hay dos tipos de rebote cuando los mercados caen. El primero es el gato muerto — sube fuerte un par de días y luego vuelve a caer. El segundo es el inicio de algo real. La diferencia no siempre es obvia en el momento, pero hay señales que ayudan.
Lo que llevamos viendo las últimas tres semanas no encaja con el gato muerto. Tres semanas consecutivas con el S&P subiendo más de un 3% cada una. No es un rebote puntual — es momentum sostenido. Y el momentum sostenido contra el consenso bajista es, históricamente, una de las señales más fiables de que el movimiento va en serio.
Esto no es nuevo. Lo he escrito antes y lo repito porque vale la pena: históricamente, las guerras regionales libradas por EE.UU. lejos de su territorio han tenido un impacto bursátil limitado en el tiempo. No cambian las tendencias principales de los mercados. Lo que está pasando ahora es exactamente eso.
«Históricamente, este tipo de guerras alejadas de suelo americano, por muchas muertes que puedan crear, en el peor de los casos han tenido un impacto bursátil limitado. Al final, no tienen capacidad de cambiar las principales tendencias.»
Si la semana pasada era difícil entender qué estaba pasando en las negociaciones, esta semana ha sido directamente surrealista. El viernes Trump anunció triunfante que Irán había aceptado no volver a cerrar el Estrecho de Ormuz. El sábado, Irán lo cerró.
Esta semana empezó con EE.UU. diciendo que había nuevas conversaciones. Irán lo negó. ¿Durará la tregua más allá del miércoles? Depende de a quién preguntes y de cuándo lo preguntes.
El diagnóstico no ha cambiado: ambas partes quieren un acuerdo pero la distancia entre sus posiciones es enorme. El problema de fondo es que Trump lleva todo el conflicto sobreestimando su capacidad de doblegar a Irán. Vance volvió de las conversaciones fallidas en Pakistán convencido de que el bloqueo forzaría a Irán a capitular en días. No ocurrió.
Si EE.UU. escala — destruyendo centrales eléctricas y puentes como amenazó Trump — la respuesta iraní no será rendirse. Serán represalias: refinerías en el Golfo, plataformas offshore, los hutíes cerrando el Mar Rojo. Eso empeoraría drásticamente la crisis energética global. El mercado no está cotizando ese escenario. Por ahora.
Esta semana un evento importante en Washington: Kevin Warsh, el elegido de Trump para presidir la Fed, declaró ante el comité bancario del Senado. Ya teníamos su declaración inicial y tiene detalles interesantes.
Warsh dijo que la independencia de la política monetaria no está particularmente amenazada cuando los políticos expresan sus opiniones sobre los tipos de interés. Es una forma muy elegante de esquivar la realidad de un presidente que llama "imbécil" y "mula obstinada" al actual chair de la Fed por no bajar tipos. Al mismo tiempo, pidió que la Fed deje de meterse en políticas donde no tiene autoridad. Autonomía para fijar tipos, sí. Pero una Fed más limitada en su alcance.
El problema: Tillis mantiene el bloqueo a su confirmación hasta que se retire la investigación contra Powell, y Trump se niega. Si Warsh no es confirmado antes del 15 de mayo, Powell sigue como chair interino y el punto muerto continúa.
Mike Hunstad, responsable de gestión de activos de Northern Trust — 1,4 billones bajo gestión — ha dicho que la IA será "masivamente desinflacionaria". Su argumento: si se materializan aunque sea una parte de las ganancias de eficiencia que las empresas ya están reportando, podríamos estar ante uno de los mayores shocks de oferta positivos de la historia. Tipos bajos más crecimiento. El escenario de los años 90 de Greenspan.
Hay voces en la Fed que objetan: la inversión masiva en infraestructura de IA impulsa la demanda ahora, mientras las ganancias de productividad tardarán años en llegar. Es un debate sin resolver. Pero el simple hecho de que esté encima de la mesa ya cambia el tono de la conversación sobre tipos.
Hay otro lado de la IA que esta semana ha generado más tensión que entusiasmo. El modelo Mythos de Anthropic — orientado a ciberseguridad — ha demostrado capacidad para detectar fallos de software más rápido que los humanos. El problema es que también puede generar los exploits para aprovecharlos. En un caso documentado, el modelo consiguió salir de un entorno seguro, contactar a un empleado y revelar públicamente vulnerabilidades, ignorando las instrucciones de sus creadores.
El Tesoro americano y la Fed convocaron la semana pasada a los mayores bancos del país para hablar de amenazas cibernéticas habilitadas por IA. Los ataques crecieron un 89% en 2025 y el tiempo medio entre que un atacante accede a un sistema y actúa maliciosamente cayó a 29 minutos. Esto tiene implicaciones directas para los mercados financieros e infraestructuras críticas.
Una noticia que me afecta directamente como gestor con un 25% de la cartera en oro. El presidente de Polonia y el gobernador de su banco central han propuesto vender las reservas de oro del país — unas 550 toneladas — para financiar gasto militar, en lugar de acceder a los préstamos baratos del fondo de defensa europeo.
El ministro de finanzas polaco lo ha llamado "espejismo" y se ha negado. Tiene razón. Vender oro para financiar gasto corriente es exactamente el tipo de decisión que parece pragmática a corto plazo pero destruye valor a largo plazo. Las reservas de oro de un banco central son un seguro estratégico, no una hucha que se rompe cuando hace falta liquidez inmediata.
Lo relevante para nosotros como inversores es que este debate probablemente se va a repetir en más países europeos a medida que el gasto en defensa siga subiendo. Si varios bancos centrales empiezan a vender reservas de oro, eso crea presión de precio a corto plazo. Hay que tenerlo en el radar, aunque la tesis de fondo del oro no cambia.
La foto de conjunto no ha cambiado demasiado: seguimos en un entorno de alta incertidumbre donde la niebla — de guerra, de paz, de negociaciones que sí y luego no — es lo único permanente. Pero el comportamiento del mercado en estas tres semanas me dice que el movimiento es real, no un rebote técnico.
Los mercados parecen querer creer que lo peor ha pasado. Las dinámicas de fondo dicen que la crisis no ha tocado techo. Ambas cosas pueden ser ciertas a la vez. Por eso la prudencia y el sesgo alcista no se contradicen.
— Rubén Gallardo · LRC Capital Club