La dura verdad: nadie sabe nada, y eso es información útil
En tiempos de guerra, la información es estratégicamente opaca. Con la misma apariencia de rigor puedes leer un análisis explicando por qué Irán tiene el control real de la situación a través del Estrecho de Ormuz, y acto seguido leer el contrario, igual de detallado, que argumenta que a Trump le interesa que el estrecho siga cerrado porque eso beneficia relativamente a Estados Unidos, el país desarrollado que menos depende del petróleo de Oriente Medio.
Ambos pueden tener razón. Ambos pueden equivocarse. La realidad es que nadie sabe cómo se va a desarrollar esto. Y esa es, precisamente, la información más valiosa: en momentos de máxima incertidumbre hay que simplificar al máximo y volver a los principios básicos.
Cuanto menor fiabilidad tiene la información, más hay que simplificar las decisiones y apoyarse en principios básicos. Sin atajos ni titulares.
Mi respuesta operativa es concreta: no tomo decisiones de inversión basadas en noticias de guerra. Me comporto como un observador externo que solo lee datos económicos y de mercado. Como un alienígena que no sabe las noticias del día, pero sí ve cómo se mueven los números.
La paradoja que no para de sorprenderme: el mercado aguanta demasiado bien
Una guerra de esta magnitud debería haber provocado una corrección mucho más brusca. ¿Por qué no ha ocurrido? Dos razones. Primera: las coberturas bajistas han sido masivas desde el inicio, lo que retrasa que el mercado ponga precio real a las malas noticias. Segunda: Trump ha conseguido instalar la expectativa de que la guerra será breve. Cada vez que sugiere que esto puede terminar pronto, el mercado rebota.
Trump para. El mundo vuelve.
EE.UU. detiene operaciones. Irán para. El petróleo baja. Las bolsas rebotan con fuerza y la tendencia alcista de fondo retoma el camino.
El pulso se alarga. El petróleo escala.
Cada mes adicional con el Estrecho bajo presión sube el precio. La inflación se reactiva. La FED se paraliza. La recesión deja de ser hipótesis.
Y aquí está la paradoja más desconcertante: que el mercado caiga de verdad podría ser lo mejor que le puede pasar a la paz mundial. Trump usa la bolsa como barómetro de su éxito. Mientras aguante, no tiene incentivos reales para parar. Una corrección del –10% o –15% probablemente aceleraría la resolución del conflicto.
La FED, tan perdida como todos nosotros
La Reserva Federal dejó los tipos sin cambios en su última reunión (3,5%–3,75%). La frase de Powell lo resume todo: "las implicaciones económicas de los eventos en Oriente Medio son inciertas". Nadie sabe nada, ni la FED tampoco.
Afronta el peor escenario posible para un banco central: energía cara que pide subir tipos, pero mercado laboral débil que no puede aguantarlos. Están atrapados esperando datos reales, igual que el resto de nosotros.
Para no guiarme por titulares, sigo tres termómetros semanales. Su estado actual:
El superciclo de materias primas: esto ya estaba en marcha antes de la guerra
Este punto es crucial. El conflicto actual no ha creado el ciclo alcista en energía y materias primas, lo ha acelerado. La tesis estructural existía antes. La guerra simplemente confirma que estamos posicionados en el lugar correcto.
El mundo lleva décadas sin grandes descubrimientos de cobre. Seguimos minando yacimientos de los años 80. La demanda eléctrica global no para de crecer. Arabia Saudí ha señalado posibles recortes de producción si la escalada continúa. El petróleo a 200$ está sobre la mesa. Y los seguros marítimos de los barcos en Ormuz se han disparado, lo que ya reduce la oferta efectiva sin necesidad de ningún bloqueo físico.
Dónde poner el capital y con qué nivel de convicción
Las reglas que no cambian con los titulares
- 01Separa trading de inversión. Intentar hacer ambas cosas con el mismo capital es como conducir con un pie en el acelerador y otro en el freno. Antes de abrir una posición, decide qué eres con ella.
- 02El tamaño importa más que el timing. Posiciones especulativas: máximo 1% de cartera. ETFs y large caps: 5–10%. Nombres individuales con alta convicción: 1–4%. No más de 5–10 posiciones salvo que seas Druckenmiller.
- 03Vende por tesis, no por precio. Si el activo bajó pero la razón de comprarlo sigue intacta, el precio no te dice nada. Vende cuando cambie la tesis, no cuando te duela ver la pantalla.
- 04Productores reales sobre servicios o hype. En uranio y cobre, preferir activos con libras o toneladas reales en tierra. Los proyectos hype tienen un techo completamente distinto al del metal físico.
- 05Los mercados sobrecomprados pueden seguir sobrecomprados. Esperar la "gran corrección" antes de entrar en tendencias seculares fuertes es una forma elegante de perderse el movimiento entero.
- 06Cambiar de opinión no es debilidad, es racionalidad. Si llega nueva información que cambia el análisis, el sesgo cambia con ella. No hay ego que valga más que el capital.
Alcista escéptico. Esclavo de los datos.
Mi postura no ha cambiado: sigo siendo alcista, pero con escepticismo activo. Una señal técnica confirmada pero aislada no es suficiente para un cambio estructural. Para eso necesitaría deterioro real en amplitud de mercado, nuevos mínimos anuales disparándose y señales macro concretas como initial claims sostenidos por encima de 265.000.
De momento, nada de eso ha ocurrido. El mercado ha aguantado mejor de lo esperado, y eso mismo es lo que mantiene el conflicto activo. Si la corrección llegara al –10% o –15%, probablemente aceleraría la paz. Mientras haya crecimiento económico, el sesgo es alcista.
La cartera se posiciona en activos reales, energía y metales críticos. No en base a miedo ni a titulares. En base a lo que siempre sigo: los datos.
La guerra no ha creado el superciclo de materias primas, lo ha confirmado. Estamos en el sitio correcto. La volatilidad no es el enemigo: es el precio de entrada a los movimientos que importan de verdad.
